LA PSICOLOGÍA EXPLICA LAS RAZONES DETRÁS DEL ANTROPOMORFISMO Y LA HUMANIZACIÓN DE LAS MASCOTAS
Es habitual escuchar entre quienes conviven con perros o gatos expresiones como "está enojado conmigo", "sabe perfectamente que hizo una travesura" o "lo único que le falta es hablar". La costumbre de interpretar las conductas de los animales de compañía bajo parámetros estrictamente emocionales de la especie humana es un fenómeno generalizado que la ciencia denomina antropomorfismo. Esta tendencia consiste en atribuir intenciones, sentimientos y razonamientos complejos a seres que no poseen la misma estructura del lenguaje ni el marco reflexivo de las personas.
Desde el punto de vista de la psicología disposicional, este comportamiento no es aleatorio ni reciente. Un estudio de referencia publicado por los investigadores Nicholas Epley, Adam Waytz y John T. Cacioppo en la revista académica Psychological Review determinó que existen tres desencadenantes centrales que explican por qué unas personas tienden a humanizar a sus animales con mayor frecuencia que otras en la vida cotidiana.
El primer factor operativo es la necesidad de recurrir al conocimiento previo para interpretar lo desconocido. Ante una conducta animal imprevista, la mente humana utiliza sus propias categorías emocionales —como los celos, el afecto o el arrepentimiento— para darle una explicación rápida y comprensible al comportamiento del animal. El segundo motor se vincula con el deseo de previsibilidad y control sobre el entorno, dado que proyectar emociones humanas sobre una mascota permite anticipar sus reacciones y reducir la incertidumbre cuando el animal cambia de actitud o se oculta.
Sin embargo, el tercer factor —y el más determinante según las evidencias empíricas recopiladas— es la búsqueda de vínculo y filiación social. Cuando las redes de contención entre personas se debilitan o atraviesan períodos de aislamiento, las personas tienden a percibir en sus perros o gatos a un interlocutor capaz de escuchar, extrañar o comprender estados de ánimo. Experimentos posteriores demostraron que los sentimientos temporales o prolongados de soledad incrementan significativamente la tendencia a humanizar a los animales. Lejos de constituir una patología, los especialistas concluyen que hablar con las mascotas o celebrar sus aniversarios funciona como un atajo cognitivo saludable para canalizar el afecto y construir compañía.